viernes, 15 de diciembre de 2017

Las “peixqueres” de Toix

Las “peixqueres” de Toix


A cualquiera que pase navegando por los acantilados del monte Toix le llamará la atención una serie de escaleras y refugios que incrustados en la roca se encuentran abandonados.
Estos artilugios que penden de los altos y peligrosos riscos que dan al mar fueron construidos por hombres a los que la necesidad hizo olvidar el miedo que sentían cada vez que bajaban por las endebles escaleras hacía la ”peixquera”. Muchos, ni sabían nadar y eran conscientes que cualquier fallo significaba la muerte para ellos.
No tenemos constancia de cuando empiezan a colgarse los pescadores de los acantilados de Toix. Toda la información que existe es oral y por tanto sólo nos remite hasta principios del siglo XX.
En Toix existían las pesquerías denominadas de “canyis” en las que se pescaba desde un cañizo colgado sobre las aguas y las de “penya”. Estas últimas son accesibles alguna de ellas en barca y todavía se usan esporádicamente. No así las de cañizo que han desaparecido en su totalidad.
La construcción de una “peixquera” implicaba una gran dificultad y evidentemente, un gran riesgo. Después de identificar un lugar apropiado-normalmente desde el mar-había que bajar hasta dicho lugar clavando estacas o pernos en los orificios de la roca. La siguiente fase era colocar escaleras y sogas y finalmente el refugio y la base donde pescar. Era muy importante que el refugio fuese minimamente confortable si la base de la pesca se trataba de un cañizo.
Me contaba mi primo Pepe Zaragozí  (Pepito la Mana) que allá por los años sesenta, él y su primo Jaume Perles se interesaron por una “peixquera” abandonada que existía sobre la Cova dels Coloms. Fueron al Poble Nou de Benitatxell a pedir permiso a los propietarios (tradicionalmente se respetaba el derecho de propiedad de una pesquera) estos les dieron su conformidad para volver a “armar la peixquera”. Pepe y su primo Jaume tuvieron que subir todo el material a hombros desde sus casas en la Canuta hasta la cima del monte Toix y luego bajar por el acantilado hasta el mar. Colocaron varias escaleras y arreglaron una pequeña covacha para guarecerse del frío de la noche. Lo más difícil, me comentaba Pepe, fue el hacer los agujeros para colocar la base del cañizo. Colgados sobre el mar, él  y su primo Jaume, a golpe de maza y escarpe hicieron una veintena de agujeros sobre la dura roca. Cada uno de los agujeros representaba más de hora y media de arduo trabajo.
Cuando Pepe y Jaume tuvieron lista la “peixquera” invitaron a los dos hombres del Poble Nou que quedaron gratamente impresionados de cómo había quedado el lugar. Parece ser que este lugar  es el mejor de Toix, según nos cuenta Pepe. También es uno de los más peligrosos, aunque no tiene nada que envidiar en cuanto a peligrosidad a la pesquera de “les Paleres” o a la del “ti Martí”. Todas ellas tienen el acceso a través de cuerdas y escaleras. Sólo se entiende que los usuarios de las “peixqueres” asumieran ese riesgo por necesidad. Eran años de escasez y la ayuda que proporcionaba la venta del pescado fresco no se podía desdeñar. También existía la afición. Como la de mi primo Pepe que no lo necesitaba al tener su familia una posición muy holgada. Aunque me comentó cuando fuimos a hacer las fotos que la “peixquera” de las “Paleres” la abandonó por el riesgo y por el poco rendimiento que tenía.
Para hacernos una pequeña idea de lo que representaba bajar a la “peixquera” un día cualquiera, quiero insertar un párrafo de la magnífica obra sobre este tema NITS I PEIXOS A LES PESQUERES DE CINGLE, de la que son autores Antoni Barber, Ismael Guardiola y Miquel Almenara.
Dice así;  D’una hora a una i mitja de caminar aura estat l’anada. Ja al capvespre, comença la davallada per la pesquera. Es fixarà bé el cabàs i lligarà la garbeta de llenya que ha anant arreplegant abans d’iniciar la baixada. Començarà el tuacte en agafar-se a les cordes, mirant de posar cada peu al posador corresponent, al relleix que li toque. Ara cordes, ara penya i ara escales, a poc a poc el pescador va baixant cap el punt de pesca. Altres que tenen la pesquera en una baixada menys complicada arribaran tal volta abans i només se les veuran més apurades en el moment de col·locar el canyis o preparar-se per als moments de pesca. Una vegada haja arribat al refugi, es daixarà el cabàs en terra i procedirà a col·locar el canyis i prepararà ormejos i aparells. El canyis pesa prou, cal baixar-lo tranquil·lament i en alerta. Es col·locarà en el punt exacte i penjarà a poc a poc els tirants. Una vegada fixat, caldrà encendre una foguereta: és hivern i està fend fred.
Mentre el foc adquereix entitat, el pescador aura capturat un poc de peix de raons, que se’l torrarà gustosament per a millorar el sopar previst. Un mos d’açò, un glop d’allò i, en acabant de sopar, començarà la pesquera. El fanal ja estava encés mentre el pescador sopava. Reduirà l’àngle de dispersió de la llum tancant la tulipa o llanda; així aconseguirà concentrar en una àrea mes reuïda la vinguda del peix.
Per allà ve un calamars, li llança el rall. Per allà ve una sépia, ves preparant el salabre. La fluixa està tessa, cobra poc a poc. Es un calamars enganxat al sorell que hi posares d’esquer. A la canya ja piquen. El ximeró es doblega massa, deu ser una oblada ben gran. Ara ja una aturada, no veig ni un peix. Ben entrada la matinada tornarà la festa, dos calamars s’acosten per la dreta, el vent a parat i l’aigua està calma, prepararà el salabre i entraran dins sense donar-se compte. El volantí s’ha mogut, que no serà un congre el que aura picat?
El pescador està molt cansat, li fan mal els genolls d’estar agenollat al canyis tota la nit o ajupit sobre la roca incòmoda. Els ulls li pesen, però de tant en tant agafa unes aclarides impressionants perquè els peixos vénen i van. Xe! Però si ja està l’estel de l’alba per damunt  l’horitzó. Caldrà arreplegar la paradeta. El pescador arreplegarà els aparelles i llevarà el canyís. Taparà el peix, s’arreglarà el cabàs i una altra volta cap amunt, però ara amb mes quilos; hui el ranxo és bo. Malgrat el cansament de no dormir i haver estat treballant tot el dia abans, el pescador torna cap a casa content, perquè sap que en vendre el peix traurà un grapat de duros.
En cierta ocasión, un profano en la materia llamado Joan del Chacal, se descolgó desde lo alto de un arco de piedra-el Forat de l’Ase-con tan mala fortuna que no midió bien la altura y se quedó colgado sobre la pesquera de les Paleres. Al no saber nadar empezó a gritar hasta que lo oyeron los carabineros del cercano puesto del Collado y fue rescatado con un bote de remos por los propios carabineros. Se da la circunstancia que los carabineros eran propietarios de alguna de las “peixqueras” como es el caso del “ti Martí”.
Actualmente, las pesqueras de Toix son una reliquia del pasado que cabe reconocer como tal y darle la importancia que realmente tienen. Espero que a nadie se le ocurra la feliz idea de “restaurarlas”. Su principal atractivo es contemplarlas tal como han llegado a nosotros.
Andrés Ortolá Tomás
 
Bibliografía: Nits i peixos a les pesqueres de cingle.
Mi agradecimiento a mi primo Pepe Zaragozi Perles el último armador de “Peixqueres”.
 

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