viernes, 15 de diciembre de 2017

La guerra civil de 1936 en Calp

La guerra civil de 1936 en Calp
 
Se ha escrito mucho sobre nuestra desafortunada Guerra Civil, en ambos sentidos se han vertido ríos de tinta y en muchos casos las atrocidades- de uno y otro bando- se han tratado de minimizar o de maximizar según convenía. En Calp es prácticamente nulo lo que se ha escrito sobre este tema, Pedro Pastor en su libro Calpe, Gentes y Hechos nos narra muy por encima lo sucedido en nuestra villa desde los inicios de la contienda hasta su final. Para completar lo relatado por Pedro considero imprescindible el apoyarse- no sólo en la trasmisión oral, cosa que haré- en las actas del Ayuntamiento, en la prensa de la época y de las actas de la Causa General.
No podemos desligar los hechos sucedidos en Calp, en la comarca o la provincia, de lo que sucedía en el resto de España. Hubo cierta prensa que se encargó de impartir consignas que finalmente eran llevadas a la práctica por grupos de individuos incontrolados. Solidaridad Obrera , el diario anarcosindicalista de Barcelona, en plena vorágine de sangre el 15 de agosto de 1936, incitaba así: “Hay que extirpar a esta gente; la Iglesia ha de ser arrancada de cuajo de nuestro suelo”.

Parece ser que buscaban personas concretas y tenían listas de nombres. Había que hacer la Revolución empezando por la eliminación visible de la Iglesia.

El paseo alcanzó a políticos de derecha, caciques, terratenientes, empresarios, burgueses y, especialmente, a los sacerdotes . Pero tal vez, las prácticas más aterradoras fueron las llamadas sacas de las cárceles Aunque este acontecimiento resulta todavía hoy históricamente confuso, no cabe duda de la responsabilidad en él de los aparatos policiales, cuyos dirigentes, mayoritariamente comunistas, estaban muy influenciados por asesores soviéticos.

Numerosos republicanos y dirigentes obreros y sindicales condenaron este terror indiscriminado desde el primer momento y sólo la desintegración del propio Estado impidió a las autoridades tomar medidas más efectivas. Pero a medida que el gobierno retomaba el control, la represión indiscriminada fue desapareciendo y se hizo todo lo posible para proteger a las víctimas.
Aunque estos esfuerzos por recomponer el Estado de Derecho fueron tempranos, no fue sino hasta la primavera de 1937 cuando realmente cristalizaron. Ya en agosto de 1936 se intentan detener las matanzas con la creación del primer “Tribunal Especial” (los conocidos como Tribunales Populares); en octubre del mismo año nacen los “Jurados de Urgencia”, los de “Guardia” y los de “Seguridad”. En Valencia no fue posible disolver el “Comité de Salud Pública” y detener los abusos que cometían los integrantes de la Columna de Hierro hasta finales de 1936.


En julio de 1936 los calpinos se enteraron que había estallado la guerra, por los pocos aparatos de radió que existían en la localidad. El Ayuntamiento tomó la determinación de colocar en el llamado Cantò del Petit, una cadena para regular las entradas y salidas de la población en lo que hoy es la calle Conde de Altea, Así mismo, en el entonces camino de la fuente se colocaron dos enormes peñascos que impedían el paso a cualquier vehículo.
Unos pocos incontrolados- jóvenes en su mayoría- se ocuparon en asaltar la iglesia y de expulsar al cura. Fueron saqueadas e incendiadas las imágenes de la iglesia parroquial y de la ermita del Salvador. De las cuatro campanas de nuestra iglesia, sólo quedó una- fechada en 1857- de nombre Nuestra Sra. del Rosario. Posiblemente, para avisar a la población de un posible ataque. De la iglesia se salvó el armonio, con la idea de celebrar bailes.
En la madrugada del día 4 de septiembre, el cura de Calp Francisco Sendra Ivars, que se había refugiado en casa de sus padres en el vecino pueblo de Benissa, fue sacado de esta casa por un grupo de milicianos con la excusa de que sólo querían interrogarle. Fue llevado a la Garganta de Gata donde fue torturado ( se le cortaron los genitales) y finalmente asesinado.

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Pocos días después, el 9 de septiembre, varios milicianos de Pedreguer que venían a los pueblos con un furgón fúnebre llamado La Pepa, se llevaron a Francisco Zaragoza Tur -secretario del Ayuntamiento de 58 años de edad- con el temido destino de ser asesinado al igual que lo había sido el cura calpino. Francisco era un hombre de una gran corpulencia y al querer subirlo al furgón, se agarró al marco de la puerta del vehículo y los milicianos tuvieron que romperle las manos con la culatas de los fusiles para poder subirlo. Francisco venía de su casita de campo en Garduix con su hijo Pedro que contempló toda la escena. Ese mismo día, se llevaron a Miguel Roselló Ivars que había sido Alcalde. Ambos murieron en la Garganta de Gata. Se dio la circunstancia que tanto Francisco como Miguel habían sido avisados de que venían a por ellos y no hicieron caso. Si lo hicieron otros propietarios destacados de Calp, que se escondieron y no fueron encontrados.
Como uno de los varios responsables de la muerte de ambos, fue fusilado en la cárcel de Alicante, Vicente Signes “El Gateret”.

En la noche del 10 de agosto de 1936 fueron quemados todos los libros de la parroquia, del juzgado y del Ayuntamiento. Este hecho, inexplicable en si, parece que tenía como fin el destruir cualquier documento de índole oficial. Especialmente los archivos judicial y parroquial tuvieron como efecto, que al finalizar la guerra mucha gente se vio privada de poder tener desde partidas de nacimiento a títulos de propiedad. Calp pertenecía comarcalmente a Callosa de Ensarriá y allí se quemaron (aparte de los reseñados) el registro notarial y el de la propiedad. 
Uno de los primeros efectos de la guerra y de la tensión social consiguiente fue la incautación de la Casa Abadía y de la Iglesia Parroquial, que en un principio fue destinada a hospital de sangre y no habiendo sido utilizada con este fin, el día 7 de febrero de 1937 se acuerda destinarla a Mercado de Abastos. La iglesia había sido desmantelada por completo de todo su interior y para tener acceso a lo que hoy es la plaza del reverendo Penalva, se abrió una puerta en la parte en que hoy se encuentra el altar. El arco que hay cercano al torreón, no existía en aquellos años.
Por lo que respecta al gobierno municipal, la Corporación nacida de las elecciones de 1931 fue sustituida el 29 de septiembre por una Junta de Unificación Proletaria, compuesta por miembros de los sindicatos obreros y partidos de izquierdas con presencia en nuestra villa, repartiéndose los cargos en la manera siguiente:
Presidente: Joaquín Tur Querol (U.G.T.)
Tesorero: José Crespo García (I.R.)
Contador: Jaime Perles Ferrer (C.N.T.)
Vocales: José Ivars Pastor (U.G.T) . Florentino Tierra García (J.S.U.). José Tur Ivars y Vicente Tomás Signes (C.N.T.)
Secretario: Andrés Femenía Bañuls (J.F.P.).

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La Junta de Unificación Proletaria, acepta regir los destinos calpinos con el fin de “tomar las disposiciones que más convengan a la buena marcha y administración del municipio”. Sólo veinte días antes habían asesinado a tres personas, uno de ellos, el propio Secretario del Ayuntamiento y extrañamente, no se menciona este hecho en la primera reunión de la Junta, ni a lo largo de todo su mandato.
Es durante este mes cuando se producen los primeros alistamientos forzosos, ya que anteriormente se había producido el alistamiento voluntario de algunos mozos de la localidad, que tuvieron sus destinos en Alcalá de Henares y Guadalajara.
Poco después, en noviembre de este mismo año, el Gobernador Civil, temiendo un desembarco enemigo, ordenó la instalación de ametralladoras (una en la playa del Bol y otra en la Fosa) y comunicaciones telefónicas en nuestras costas. Esta línea telefónica será la primera que se instale en nuestro pueblo.
El día 12 de octubre, la Junta adopta el acuerdo de “constituir la Junta Calificadora que ha de entender la incautación de fincas rusticas y urbanas, pertenecientes a elementos plenamente reconocidos como fascistas y enemigos del Régimen”. Son varios los propietarios a los que se les expropian sus tierras y casas ejecutando el decreto del gobierno de la República de fecha 7 de octubre.

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En la sesión del 12 de noviembre y en cumplimiento del citado Decreto de expropiación del Ministerio de Agricultura se acuerda incautar en nombre del estado, las fincas de los siguientes propietarios: Todas las fincas rusticas existentes en el término de Calpe de Cosme Jorro Ripoll y las de José Feliu Cardona, vecino de Benissa.
Una casa de habitar en calle de Alcalá Zamora (en ese momento, Milicias) propiedad de Vicenta Bertomeu Avargues.
Una casa de habitar sita en la calle de la Soledad, propiedad de José Poquet Cabrera.
Una casa de habitar sita en la calle del Mar, propiedad de Andrés Perles Escoda.
En febrero del 37 esta Junta acuerda “recoger todos los aparatos de radio de uso particular que existan en la localidad y archivarlos en la Sala (Ayuntamiento) hasta que se restablezca la normalidad”.
El 22 de enero de 1937 fueron asesinados en la carretera de Picasent, los hermanos Severino, Isabel, Antonio, Rafael y Luisa Montesinos Orduña y su madre Concepción Orduña Abargues. Propietarios de grandes fincas en Calpe, entre ellas, las de la Enchinent.

Durante 1938 un hidroavión ( de nombre La Pava) con base en Mallorca tenía aterrorizados a los pescadores de estas costas, al ametrallar a los barcos pesqueros que estaban faenando. En uno de estos ametrallamientos hallaron la muerte cuatro pescadores.
Al terminar la guerra fueron encarceladas algunas de las personas que más se habían significado durante la república y los responsables de los hechos que se produjeron en nuestra villa.
Andrés Ortolá Tomás

 


 


 

 

 

 

 

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